Jesús de Nazaret no fundó una religión. No instauró sacerdotes ni enseñó dogmas, ritos o cultos. Hace 2000 años trajo la verdad desde el Reino de Dios: la enseñanza del amor a Dios y al prójimo, a los seres humanos, la naturaleza y los animales, la enseñanza de la libertad, de la paz y de la unidad. Él habló del Dios del amor, del Espíritu Libre –Dios en nosotros. Las instituciones eclesiásticas han abusado y siguen abusando hasta el día de hoy de Su nombre y de Su mensaje liberador, apropiándose de ellos y cubriéndolos con dogmas, cultos sacerdotales y conjuros de condenación.